Como siempre la culpa será nuestra. De la gente cuyo delito consiste en demandar contenidos que la industria no se atreve a proporcionar.
Esto es la crónica de una muerte anunciada. Pero muy, muy lenta y muy muy anunciada. Hacer oídos sordos para luego llorar no os va a servir de nada. Por idiotas os lo tenéis merecido.