Si SOPA sale adelante, los propietarios de los derechos podrán secuestrar webs (de cualquier país), borrar su presencia en los buscadores y congelar sus ingresos publicitarios y sus fondos. Después de que eso ocurra, con la presunción de inocencia ya acribillada en la tarima, el titular de la web tendrá la oportunidad de comparecer ante el tribunal de Salem y contar su versión de los hechos. Un proceso idéntico al que las autoridades estadounidenses siguieron para silenciar Wikileaks.