
El acoso laboral y sexual forma parte de su día a día. Cuentan que ya no les resulta extraño que un jefe les pida ciertos favores a cambio de mantener el empleo. Trabajan día y noche en las maquilas -zonas exentas de impuestos, donde se instalan grandes multinacionales y donde el control sindical está proscrito- para llevarse al bolsillo un máximo de 120 dólares al mes. Pero no es suficiente: sólo un kilo de frijoles les cuesta un dólar. Para muchas, la prostitución les aporta el complemento salarial que necesitan para sacar adelante a sus hijos. Es la triste realidad que viven miles de mujeres en Centroamérica y el Caribe. A ellas, a la lucha contra esa situación, se ha dedicado este fin de semana el Festival por la Paz y la Solidaridad Entresures.
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